sábado, 22 de noviembre de 2014

ENRIQUE MARIO VEGA BACA


El 24 de mayo de 1942 vio la luz en el lejano Perú por primera vez un menudo chiquillo al que sus padres tuvieron a bien llamaron Enrique Mario. Como bien sabrán por aquella zona de Sudamérica son muy dados a ponerles nombres a los nenes cuya conjunción y sonoridad no siempre son las más adecuadas y aberraciones como Carlos Luis Alfredo, Mario Enrique o Shakespeare Mozart Armstrong son de lo más habitual. Como a todos los chaveas, a Enrique Mario lo que le gustaba era jugar a la pelota, aunque esto no significara que descuidara sus estudios. No sacaba muy buenas notas, la verdad, pero sí destacaba en los idiomas que maquillaban sus pobres resultados en otras asignaturas.

Pronto comienza a jugar al balompié de manera amateur en equipos como el Castilla Deportivo, el Sport Boys y acababa de fichar por el Defensor de Lima cuando Luis Guijarro (una especie de Jorge Mendes de la época) lo descubre. En un principio Guijarro había ido a Perú por mandato del Sevilla para seguir a un tal Azofra pero tras presenciar un Defensor-Ciclista cambió radicalmente de idea. Azofra ya no valía una mierda porque un menudo e imberbe extremo izquierda que rompía una y otra vez la defensa Ciclista a base de bicicletas (¬¬), regates varios y calidad técnica y que se cobró todo el protagonismo del encuentro al marcar los tres goles que dieron la victoria al Defensor, enamoraron al ojeador que desde ese momento centró sus esfuerzos en traerse a Mario Vega al que ya habían bautizado como el nuevo “crack del fútbol peruano” (un fútbol bastante pujante en la época) a la ciudad hispalense con el fin de que lo tuvieran en observación.

La expectación que desató su llegada entre el respetable sevillista fue mucho mayor que lo que cabía imaginar, el chico la alimentaba declarando que “no le sería difícil triunfar en España” y existía un gran interés por ver a esa joya peruana de la que se hablaban maravillas a veces con un tono ciertamente exagerado, motivo por el que el cual el Sevilla quiso “blindarlo” haciéndole un contrato amateur mientras los técnicos lo probaban en el Sevilla Atlético a cambio de un sueldo y una pequeña gratificación cuando interviniera en partidos amistosos con el primer equipo, al que se podría incorporar de inmediato en caso de que así lo requirieran pues gracias al acuerdo de doble nacionalidad Perú/España no ocuparía plaza de extranjero.

Su presentación se produjo en el partido que enfrentó al Sevilla Atlético  con el San Fernando y tanta era la expectación por el nuevo que el campo se llenó hasta la bandera por un respetable deseoso de verlo en acción motivado por los informes del juego preciosista del peruano y los comentarios que aseguraban que junto a Quintanilla la estaban liando en los entrenos. Sin embargo su debut fue tibio y aunque demostró su habilidad con el balón, su trabajo en el campo dejó mucho que desear y lesionado se fue a la caseta antes de tiempo lo que despertó las primeras dudas sobre él. 

Semanas más tarde reapareció en el enfrentamiento ante el Abarán y aquello fue otra cosa. El peruano maravilló a un nuevamente numeroso público que venía dispuesto a someter al jugador a una nueva y definitiva verificación sobre su clase y posibilidades. Regates inverosímiles y diversas filigranas desataron los “¡Olés!” del público que abuchearon al entrenador cuando decidió sustituirle. Entre los enamorados de su juego se encontraba Juan Arza que llegó a declarar que era un figura cuyos defectos eran fácilmente corregibles y que el Sevilla tenía una nueva perla.

Era la hora de la verdad, de probarlos con los buenos. El Sevilla tenía programado un par de amistosos contra el Celta y el Wlener Sort Klub en aquel frío diciembre de 1963 y era el momento de que Mario Vega demostrara que podía ser jugador del club hispalense a todos los efectos. En el primero de ellos el Pizjuán se llenó otra vez para ver a su nuevo ídolo en acción, pero éste no tuvo su día y se quedó casi inédito, sin embargo en el segundo Mario demostró por qué le habían traído desde tan lejos entusiasmando a público y técnicos con sus filigranas, siendo artífice además de dos asistencias de gol.

Las semanas pasaban y Mario continuaba expectante por resolver su situación y dejar de ser amateur mientras participaba con el filial y en amistosos con el primer equipo pero llegado marzo acabó su contrato y la directiva decidió no renovarlo pues consideraban que las condiciones económicas estaban por encima del rendimiento ofrecido por el jugador.

A los pocos meses Mario Vega fue fichado por el Atlético de Madrid por tres temporadas, siendo integrante de la primera plantilla a todos los efectos, sin embargo el peruano no llegó a hacerse un hueco en el equipo debido a la presencia de Collar en su puesto y actuó con los rojiblancos de modo oficial tan solo en un partido de dieciseisavos de Copa (competición de la que se proclamó campeón) contra el Onteniente dándole el gol de la victoria a Adelardo, además de en diversos amistosos contra equipos de la categoría del Inter o el Flamengo. Su situación provocó que el Betis llegara a tantear su cesión, pero finalmente el jugador decidió buscar otra oportunidad en el Rácing, equipo en el que jugó a préstamo las dos campañas siguientes. Su primera temporada en Santander fue bastante exitosa, jugando asiduamente y marcando goles sin embargo a la siguiente campaña el jugador cayó de nuevo en el ostracismo disputando tan solo dos partidos. Tras finalizar su compromiso contractual con los colchoneros tuvo dos fugaces pasos por el Numancia y el Villarreal pero nunca llegó a confirmarse como aquel jugador al que no le sería difícil de triunfar en España.

Tras dejar el fútbol, Mario Vega se dedicó a los negocios entrenando a equipos peruanos como el Atlético Chalaco o la selección peruana sub 13 de manera esporádica.

2 comentarios:

Migue García dijo...

Siempre de admiración de donde sacarás tanta información

Niko dijo...

Gran artículo.
Espero equivocarme,pero la trayectoria de este jugador recuerda bastante a la que de momento está teniendo un actual jugador del Sevilla,Brian Rabello,del que hablaban maravillas pero que ya lleva camino de aparecer más pronto que tarde por aquí.