viernes, 26 de diciembre de 2014

JOSÉ CABRERA BAZÁN



Si hoy en día alguien le para por la calle y le llama “político” quizás usted se rebele, le increpe e incluso le meta un sopapo por llamarle tal cosa. La clase política está tan denostada en la actualidad que que te relacionen con un colectivo donde los corruptos, mentirosos y demagogos campan a sus anchas no es  del gusto de nadie, pero no siempre esto ha sido así. También hay quien metiéndose en política se preocupa por mejorar a colectivos que considera que están desfavorecidos y este es el caso de José Cabrera Bazán, el futbolista que fue político cuando ser futbolista no era lo que es hoy en día y ser político no era lo que es hoy en día.

Comencemos por su carrera futbolística. José Cabrera Bazán nació en la Algaba el 16 de octubre de 1929 y al igual que su primo Pedro, fue uno de los pocos valientes que decidió que no quería ser torero, sino futbolista (en el artículo enlazado podrán recordar aquella absurda confrontación en la época entre taurinos y futboleros). En 1947 desarrollaba su afición por la pelota en el Club Deportivo Algabeño cuando el Real Betis se presentó en las instalaciones para montar un partido de prueba con vistas a reforzar su cantera y de entre todos los chavales que jugaron destacó un joven al que habían llamado para completar la alineación del partidillo, se trataba de Cabrera (como se le conocía en el ámbito futbolístico) que finalmente fue el único elegido y al que hicieron un contrato de amateur, si bien tardaron poco en transformarlo en uno profesional (de 35.000 pesetas de la época, unos 210 €) en consideración a su buen rendimiento. Pero las cosas no iban bien en Heliopolis en aquella época, el equipo había confirmado su descenso a Tercera y para salvar al club de la desaparición, Pascual Aparicio tuvo que vender a varios jugadores, entre ellos a Cabrera  que recala en el eterno rival bético.

En septiembre de 1949 debuta con un Sevilla FC que tiene en su plantilla a los Bustos, Arza, Araujo, Antúnez o Joaquín. Los nervionenses se enfrentaban con el Deportivo de la Coruña sufriendo un percance en un lance del juego que finalmente derivó en una grave lesión de menisco que le tuvo casi dos años apartado del fútbol (por aquel entonces una lesión de este tipo no era tan fácilmente operable como hoy en día) jugando tan solo un par de partidos más con la camiseta blanca, concretamente contra el Valencia y contra el Celta al comienzo de la siguiente campaña, sin que pudiera tener continuidad a causa de recaídas en la lesión. Una vez recuperado y para comprobar cómo había quedado fue cedido al Jaén, con el que logró el ascenso a Segunda. Después de un viaje con el Sevilla por Hispanoamérica es traspasado definitivamente al club jienense con el que logra el ascenso a Primera División. En el Jaén Cabrera era figura, pero no todo fueron días de rosas. Como la directiva se estaba haciendo el longui con el pago de la mitad de su sueldo un día se plantó y se negó a jugar un partido contra el Valencia lo que tuvo como consecuencia que el gobernador civil ordenara su inmediato ingreso en la cárcel (lo dicho… otra época).

Tras finalizar su relación contractual con los jienenses, Cabrera vuelve otra vez  al Betis que había ascendido a Segunda de nuevo volviéndose a lesionar al poco de llegar el otro menisco. Le operan de nuevo y es en la clínica, mientras se recupera de la operación, cuando piensa que ha llegado a un punto de su camino en que hay que decidirse: O el fútbol o su profesión a cuya formación  tanto tiempo había dedicado y de la que ahora hablaremos a continuación. Cuando se recupera de la lesión todavía tenía un oferta del Recreativo de Huelva, y se va allí a jugar dos meses (de febrero a abril de 1958) que serían los últimos de su carrera deportiva. 

Continuemos con su carrera profesional. Durante su primera estancia en el Betis nunca dejó los estudios de lado, es más el Betis le tuvo que poner facilidades debido a la importancia que el chico le daba a acabar el Bachillerato. Una vez finalizado decidió cursar estudios de Derecho en la Universidad pero lo cierto es que debido a que su vida futbolística empezaba a despegar los estudios los tenía en un plano más secundario, sobre todo en su etapa en Jaén donde se le hacía imposible compatibilizar las clases con el fútbol. No fue hasta que volvió a Sevilla que le dio el empujón definitivo para acabarla plateándose en ese momento, como decíamos en el párrafo anterior, si dedicar todo su tiempo a la pelota o a los libros. Decidió compaginar por unos meses ambas pero prestando mucha más atención a la carrera, tanto que si en los seis años anteriores se había sacado la mitad de la licenciatura, en aquel año y medio en los que estuvo recuperándose de la lesión se ventiló la otra media (17 asignaturas nada más y nada menos) que vieron recompensados el esfuerzo de una época en la que según sus propias palabras “Nunca tuve domingos ni fiestas”.

Cabrera sabía bien las penurias que los futbolistas pasaban en su época, motivo por el cual decidió que no podía quedarse parado, no podía permitir que otro compañero le metieran en el calabozo como a él simplemente por reclamar el impago de lo que le pertenecía, es por ello por lo que animado por el profesor Alonso Olea desarrolla más extensamente un trabajo suyo de su época universitaria que culmina en un  volumen de cuatrocientas páginas titulado “El contrato de trabajo deportivo” tema absolutamente rompedor e inédito en España que supuso una revolución jurídica en la época, tanto por lo novedoso del tema como por lo que supuso para el establecimiento de nuevas bases en las relaciones de los futbolistas sus clubs y las Federaciones.

Nuevo ejemplo de su compromiso con sus ex compañeros sería cuando renunció a su puesto de vicesecretario de la junta directiva del Betis en la temporada 1968-69 tan solo diez días después de ser nombrado porque no pudo aguantar la mentalidad de los directivos de creer por principio que los jugadores fueran todos unos granujas.

En 1969 José Cabrera Bazán logró gracias a su constante estudio y a su desempeño docente en la cátedra de don Manuel Clavero Arévalo ser uno de los beneficiarios de una de las cuatro cátedras vacantes de Derecho del Trabajo, siendo destinado a la prestigiosa Universidad de Santiago de Compostela (años más tarde trasladaría la cátedra a la sede de Universidad de Cádiz en Jerez), allí continúo reivindicando la aberración jurídica que suponían las condiciones laborales en las que los futbolistas desarrollaban su labor (Tenían vetado el derecho a acudir a los Tribunales ordinarios para defenderse de cualquier injusticia, no tenían la posibilidad de ser contratados libremente, etc), acción reivindicativa que culminaría  a finales de los años 70 cuando fundó junto con el también ex bético Joaquín Sierra “Quino” (cuya labor reivindicativa de los derechos de los futbolistas ya le contamos en su día y que  fue primer presidente) la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) y dirigió la primera huelga de futbolistas en España en la temporada 1981-1982.

En 1980, continuando con su vocación de servicio público, fue elegido como senador por el PSOE (al que se había afiliado en la clandestinidad en 1968 formando parte del “núcleo sevillano” junto con Felipe González o Alfonso Guerra) en la provincia de Sevilla. Como miembro de la cámara alta, fue vicepresidente de la Comisión especial sobre el paro agrícola (1981-1982), secretario segundo de la Comisión del Defensor del Pueblo (1981-1982) y presidente de la Comisión de Trabajo (1982-1986). Tras abandonar el Senado (cuentan que por llevarle la contraria a Felipe González) fue elegido eurodiputado en las elecciones de 1987 y finalizada su etapa en el Parlamento de Estrasburgo, Cabrera desempeñó las funciones de presidente de la Cámara de Cuentas de Andalucía en la cual ejerció el cargo con independencia, con distancia y con dedicación, siendo el primero que, por poner un ejemplo, llevó a los tribunales a Jesús Gil por no querer entregar la documentación requerida para una auditoría de la Cámara de Cuentas o que reivindicaba una mayor control y transparencia del gasto público.

José Cabrera Bazán falleció el 28 de abril de 2007 a los 78 años de edad después de una vida en la que supo compaginar a la perfección sus dos pasiones: el fútbol y el derecho (recomendamos desde aquí la interesante lectura de sus artículos de ámbito jurídico-deportivo entre los que podemos encontrar dedicados al “Caso Bosman” o a la “Ley Maradona”) a la vez que supo rebelarse con inteligencia ante lo que consideraba que no era justo.

3 comentarios:

Gonzalo Mazarrasa dijo...

Enorme artículo. Desconocía totalmente su figura y eso que tuvo bastante recorrido entre fútbol, universidad, política e incluso prensa.

Gran trabajo.

Enrique Rodríguez Sotillo dijo...

Buen articulo, enhorabuena. Lo tuve como profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Cádiz a finales de los 90, en su etapa final como docente. Al ser una asignatura optativa (Protección Social creo recordar) sólo teníamos un día de clase a la semana por lo que no pude conocerlo mucho. De todas maneras sabiamos historias de su biografía que nos parecían alucinantes (ex-jugador del Betis y Sevilla, ex- senador, compañero de andanzas de Felipe Glez. y Alfonso Guerra, promotor de la AFE). PERSONAJE en mayúsculas

Rinat Rafaé dijo...

Muchas gracias por tu comentario Enrique pero se ha obviado un tema importante que no puedodejar atrás ¿Era hueso como profesor o se aprobaba bien? :-P