viernes, 26 de julio de 2013

MARCELO OTERO LARZÁBAL

Uruguay es un país curioso. Hace poco escuché una entrevista a Kiko Veneno donde afirmaba que era un país donde había “ocho millones de vacas y tres millones de habitantes de los cuales medio millón eran cantautores, medio millón de futbolistas y el resto de la gente hace lo que puede”. Exageraría el bueno de Kiko, pero en lo futbolístico resulta sorprendente lo gran selección que es Uruguay siendo un país con tan pocos habitantes. Es la más laureada de la Copa América y tiene el doble de mundiales que España.

La relación del Sevilla con los uruguayos ha sido también bastante prolífica, desde Enderiz que fue el primero a finales de los 60, pasando por los Espárrago, Gustavo Fernández, Peirano, Nadal o Bengonchea hasta los más recientes Darío Silva, Hornos, Magallanes o Chevantón, pero sin duda la época dorada de los uruguayos en Sevilla fue el periodo comprendido entre septiembre de 1998 y junio del 2000 por obra y gracia de Paco “dueño del fútbol uruguayo” Casal, en cuyas manos se puso el Sevilla en ese periodo con las consecuencias que todos sabemos.

El primero en llegar fue Correa, al que le siguieron en el mercado invernal Tabaré Silva y el Nico Olivera, siendo parte del núcleo de habituales que consiguieron el ascenso. Con el Sevilla en primera y con el maná del dinero de las televisiones revoloteando de nuevo por las cuentas corrientes del club de Nervión, Paco Casal vio la oportunidad de hacer algún que otro negocio con sus nuevos mejores amigos: los  rectores del Sevilla FC, que consideraron apropiado dar más voz al hombre más rico de Uruguay que a los propios técnicos o hombres de fútbol del equipo, así mientras Tsartas, que seguía muy de cerca el fútbol español, le recomendaba al club fichar a Baraja o a Makaay, el Sevilla prefirió seguir los consejos de Casal y pensar que si Uruguay tenía dos mundiales y España ninguno sería por algo, así que consolidó la base charrúa del equipo, haciéndose con la propiedad de Olivera y fichando a Rabadja, Zalayeta, Podestá y a la guinda de aquel pastel de carne que fue Marcelo Otero, jugador que venía procedente del Vicenza como una de las grandes estrellas del calcio y por el que se pagaron nada más y nada menos que 1.000 millones de pesetas de la época, siendo el segundo fichaje más caro de la historia del Sevilla por detrás de Almeyda y costando 200 menos de lo que le hubiera costado Makaay. Marcos Alonso por supuesto recomendó a Otero porque era “bueno y barato”.

El fichaje de Marcelo ciertamente resultó ilusionante para la afición por las referencias que traía de Italia donde en cuatro temporadas había goleado y ganado la Copa. También lo había hecho previamente en el Peñarol y en la selección uruguaya, siendo parte del combinado que ganó la Copa América en 1995, pero pronto se vio que el matrimonio Otero-Sevilla estaba abocado al divorcio. A los tres meses de llegar ya se quería ir, solo había marcado un intrascendente gol en la derrota contra el Valladolid (que a la postre fue el único que marcó en toda la temporada) y a pesar de que era un fijo para Marcos Alonso ya estaba cuestionado por la grada que además notaba que cierta prominente taleguilla crecía dentro del charrúa.

Para lavar su imagen pública entre el sevillismo, alguien le debió recomendar a Otero y otros uruguayos (Zalayeta, Olivera y Tabaré) que lo mejor no era ganar partidos y partirse la cara en el campo para sacar al Sevilla del pozo en el que entre todos lo había metido y del que ya no saldrían en toda la temporada, si no que lo suyo era hacerse respetar dándole una paliza a unos chavales, y así fue como Otero realizó su más recordada jugada como sevillista al darle de hostias a unos jóvenes en el Pub Birdie porque según los uruguayos se habían metido con sus mujeres. La repercusión mediática de la pelea fue tal que en Canal 47 se plantearon crear un Sálvame presentado por Eva María Macías solo para dar cobertura a las reacciones del populacho sevillano, entre ellas las de su entrenador que declaró que si era verdad que se había metido con sus doñas, como testificaron en Comisaría pues qué bien dada estaba la paliza, que a ver qué coño era eso de molestar a un futbolista que tranquilamente está dándole al cubata en su local favorito y encima mentar a sus santas que seguramente aguardarían en casa esperando la llegada de sus amados esposos. El caso se cerró en los Juzgados con una condena de 3.600 euros de multa para los jugadores y cada uno para su casa y dios en la de todos.

Tras esta demostración de fuerza y coraje, lo cierto es que Otero no volvió a dar señales de vida en el campo. Jugaba sí, pero más bien deambulaba sin acercarse mínimamente a algo parecido a un gol, por lo que acabó perdiendo el puesto de titular a favor de Juan Carlos. 

El Sevilla desciende y contrata a Caparrós como nuevo entrenador que es muy claro con el charrúa: “vete, no quiero verte, vete”. Aun así Otero había costado demasiado dinero al Sevilla y lo cobraba demasiado bien (1,6 millones por temporada, cantidad que en época de tiesismo máximo el Sevilla tuvo dificultades para pagarle teniéndolo sin cobrar varios meses) como para colocarlo tan fácilmente, por lo que Caparrós tuvo que tragar saliva, quedárselo e incluso darle alguna oportunidad que otra. Otero volvió a demostrar sus dotes como goleador contra el Leganés en la jornada quinta, dando el empate al Sevilla in extremis en el Estadio del Butarque, partido en el que Caparrós comenzó la leyenda de sus mágicas remontadas a base de quitar defensas y meter delanteros que tuvieron su punto álgido en aquel partido contra el Panathinaikos con Darío Silva de lateral derecho y el público rozando el éxtasis gracias a los  goles de Makukula y Adriano. Esta vez fue César Caneda el que a los cinco minutos de marcar el gran equipo del sur de Madrid el 1-0 dejó su puesto a Otero para a base de embestidas lograr el empate final. Gran momento para Otero que enrabietado celebraba el gol como loco. Podía decirse que la temporada ya había sido un éxito para el uruguayo, por lo que a partir de aquí a disfrutar de algún ratito que otro sobre el campo y poco más, y por supuesto de goles ni hablamos, aunque  el equipo no los echó de menos y acabó ascendiendo a primera. De nuevo en la máxima categoría Otero ni la olió, disfrutando tan solo de unos minutos en la eliminatoria de Copa donde el Sevilla volvería (un año más) a caer en primera ronda esta vez contra el Ciudad de Murcia, equipo que por cierto acabaría propiciando a mitad de temporada la retirada como jugador de balompié de Diego, que quemaba sus últimos cartuchos en el Dos Hermanas para darle su primera oportunidad como entrenador.

Llegó la navidad y el Otero tuvo la generosidad de desligarse del Sevilla dejando un balance de 42 partidos y la extraordinaria cifra de goleador contrastado que cuesta 1.000 millones de pesetas de dos dianas. Por si esto no les parece suficiente, también dejó una roncha junto a sus compatriotas de la que el Sevilla tardó años en recuperarse y que le dio más de un quebradero de cabeza a la entidad.

Su nuevo acomodo fue el Colon de Santa Fe, donde el charrúa dio muestras de su clase anotando cero goles en 14 partidos, por lo que se semiretiró hasta que cual ave que renace de sus cenizas decidió darse una última oportunidad en el Fénix uruguayo, donde forma una pareja de ensueño con Germán Hornos y consigue su mejor registro en un lustro anotando tres goles en cinco partidos. Esta cifra le resultó suficiente para dejar su karma en orden por lo que decidió retirarse y afincarse en Montequinto City entrando en negocios relacionados con la estética y demostrando que el gol si se olvida jugando con el Sevilla FC de veteranos de nuestra competición favorita, la Liga de Fútbol Indoor. Esto no le ha debido parecer suficiente para matar el gusanillo porque hace escasos meses, con 41 años decidió descolgar las botas y aceptar una oferta Huracán del Paso Arena, de la segunda división uruguaya, y es que los viejos rockeros nunca mueren.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Aunque habéis acertado en el número de goles que metió, habéis errado en el número de goles que celebró. Jugaba el Sevilla en Oviedo tras ascender a primera y con Marcos Alonso en el banquillo. Envió el balón a puerta vacía y salió corriendo celebrándolo como un loco. No se percató de que le había dado tan mal que el balón no cogió velocidad y un jugador del Oviedo (creo que fue Onopko) llegó, la paró tranquilamente y lo sacó jugado sin problemas.

Rinat Rafaé dijo...

Joder GRACIAS anónimo. Lo estaba flipando con el tiempo que estaba tardando en salir la anécdota del No gol de Otero!!

En el artículo que le dedicamos a Pukki comentamos una jugada parecida en la que el bueno del finlandes celebró el gol aun sin entrar, aunque luego siguió la jugada y consiguió celebrar el gol, esta vez como dios manda.

Apaleado en el Birdie dijo...

Aun tengo secuelas psicológicas :-(

Aracnidus Rojiblancus dijo...

Ya era hora, es un crack colussiano, sin duda, y además, como De Mul, creo que siguió viviendo un tiempo en Sevilla. Era buen camorrista.

PD. AL RUBIO DE LOS PECOS SE PARECE UNA JARTÁ

Alfonsobis dijo...

Lo de la celebración del "no gol" en Oviedo es mítico, y su momento de gloria no se si lo recordarán pero fue en un derbi, provocando penalti y expulsión de Prats.

itsawindow dijo...

Promedio goleador bárbaro.

Cyborg 77 dijo...

Enorme Marcelo Otero!

No me acordaba del caso de la discoteca. Igual el Sevilla de la 96-97 y de la 99-00 quedarán para el recuerdo de loq ue no se debe hacer en el fútbol jajaja.

Por cierto acabo de escribir unaentrada de un Sevillistahomenajeado ya por vsotros en mi blog!

Amate Preacher dijo...

Auténtico broncas, el amigo, pero la mar de apañado para este blog. Gracias a jugadores de su estirpe, el blog tiene elementos de un valor incalculable. Lo echaba de menos.

Alvaro Ruiz dijo...

Lo de Maakay con el fútbol sevillano es una historia de amor imposible. Recuerdo cuando el Betis lo tenía fichado y tuvo que indemnizarle por romper el precontrato, ya que "el sabio de Hortaleza" prefirió traerse a Oli. Sin comentarios.

Jose Maria dijo...

Rinat los de orgullodenervion ponen a Chevanton entre los 10 peores fichajes de la historia del Sevilla y yo estoy d acuerdo 9 millones de euros para solo besarse el escudo lo merecen,a ver si te animas y le haces amigo de colusso a el y Romaric y sus otros 9 kilos jajajaja,respeto tu opinion pero queria que vieras este gran enlace por si no lo has visto,un abrazo.http://www.orgullodenervion.com/noticias/sevilla-fc/sevilla-los-diez-fichajes-fiasco.html

Señor dijo...

No nos olvidemos del duduso gusto de Otero por los pantalones de cuero que ya comentamos recientemente en la entrada de Bakero