Buenas
y elegantes tardes.
Seguro
que a más de un lector le chirriará el título de esta entrada pues nuestras
últimas informaciones (y así
se analizó convenientemente en su momento) eran que Rafa Paz, al menos hasta
el día de hoy, seguía calvo. No se asusten, no es que el carismático y poco dado
a las excentricidades ex centrocampista del Sevilla haya decidido sacar su lado
más loco y haya apostado por darle una oportunidad a las más vanguardistas
técnicas de recuperación del cabello. A su edad suponemos que es algo que no
debe preocuparle en exceso y por más que a muchos nos pueda divertir hacer un
ejercicio de imaginación y conjeturar con la idea de ver a un Rafa Paz al más
puro estilo Andre
Agassi en sus inicios (que por cierto calzó pelucón en su día al no saber llevar la
incipiente calvicie con dignidad) con cinta deportiva y todo o imaginárnoslo
con un pelazo digno de la estrella del rock más hortera de los ochenta, lo
cierto es que a día de hoy don Rafael Paz Marín es un señor
de cincuenta años normal y corriente, con su hipoteca a punto de finalizar
y preocupado si el colesterol le sube a más de doscientos pues el Danacol le da
arcadas de lo malísimo que está.
¿Entonces
a que viene el título de esta entrada? Pues verán amigos, con la edad uno tiene
a aceptarse a sí mismo, con sus virtudes y sus defectos pero en la juventud, el
espíritu rebelde e indomable que yace en cada uno de nosotros no siempre
permite estar conforme con lo que nos rodea y el de la Puebla de Don Fabrique
no fue una excepción, tal y como desveló en
una entrevista reciente Don Carlos Salvador Bilardo.







