Si hay una característica común a
un buen número de jugadores de los que esta magnífica bitácora compila, es el
hecho de apuntar mucho en sus inicios como futbolista para después diluirse.
Talentos perdidos que proliferan con especial profusión en nuestra tierra pero
que, por las razones que sea, no cuajan hasta alcanzar las cotas que su fútbol
apuntaba. Entre los múltiples ejemplos, tengo especial predilección por
Pinedita, al que Maradona nombró su sucesor in pectore en La
Bombonera y que terminó pintando joyas esporádicas por
Almendralejo.
El que hoy traemos a conocimiento
público es un futbolista perteneciente a este “selecto” club de jugadores que
no rompieron en figura. Su carrera como profesional fue la típica de un
trotamundos futbolero aunque su nivel de chaval era altísimo hasta el punto que
fue, nada más y nada menos, campeón del mundo juvenil con España con una
importancia tal en la selección que anotó el gol decisivo de la final. Aunque a
usted su nombre no le sonará de nada: Emilio Álvarez Sánchez.


















