Desde
bebé Mario Cotelo era un niño alegre y pizpireto, cualquier mueca o ruido que
le hicieras provocaba en aquel niño una risa casi incontrolable, lo que le hizo
ganar las simpatías de toda La Felguera, el pueblo donde vino al mundo nuestro
alegre amigo un 10 de febrero de 1975, que cada vez que lo veían pasar lo
saludaban,
le
daban sustos o le hacían carantoñas con el único fin de escuchar la
vigorizante sonrisa de un niño.
Una
de las cosas que le hacían más feliz al pequeño Mario era jugar al fútbol. En
el recreo todos los chiquillos querían que jugara en su equipo, ya que no solo
aportaba alegría y buen rollo en el equipo, si no también calidad dirigiendo
desde el medio centro, cualidades que no pasaron desapercibidas en el Sporting,
que lo incorporó a Mareo en edad infantil procedente del Langreo. Pasó por
todas las categorías inferiores del conjunto rojiblanco y debutó de la mano de
García Ramón en el primer equipo. Tras un paso fugaz por el Badajoz y de volver
a Gijón, al centrocampista le llegó la oportunidad de volver a primera en una
ciudad de clima soleado que venía de perlas a su afable carácter y puso rumbo
en el verano de 2001 con destino el Sevilla FC.